Inteligencia emocional
Una competencia clave para la empleabilidad
Por Fabiola María Betancur G.
Coaching ejecutivo, liderazgo y vida
Hoy no basta con tener un alto coeficiente intelectual para triunfar en el trabajo o para dirigir con efectividad una empresa o un equipo de personas. Se necesita algo más que conocimiento técnico. Esta capacidad se refiere a la inteligencia emocional, la cual se ha convertido en un criterio que se aplica con mayor frecuencia para decidir quién será contratado y quien no, o quién será despedido y quién conservará su puesto.
El coeficiente intelectual y la competencia técnica es hoy una condición de entrada para un buen desempeño. Pero la capacidad que marca la diferencia es la competencia emocional que se expresa en competencias tales como el ser flexible, asertivo y adaptable a los cambios e innovador. También se relaciona con saber escuchar de manera empática, hacer conversaciones abiertas, retroalimentar efectivamente a otros, saber dar y recibir juicios, entre otras.
Un estudio realizado en la Universidad de Cambridge, con 120 equipos gerenciales que debían tomar decisiones en nombre de una supuesta empresa, demostró que cuando se conforma un equipo con personas de alto coeficiente intelectual (CI) y pobre coeficiente emocional (CE), todos los miembros se dedican la mayor parte del tiempo, a lo que siempre se ha hecho: debatir de manera competitiva o analizar y contra-analizar, descuidando aspectos como los comportamientos que demanda la estrategia, el despliegue del plan, el manejo de las interacciones, entre otros aspectos que tienen que ver con la manera como se coordinan las acciones entre diferentes equipos de trabajo.
Estas investigaciones concluyeron que los miembros de alto CI lograban los peores resultados que los miembros de otro equipo que no eran tan brillantes intelectualmente, pero su capacidad emocional facilitaba la sinergia y la colaboración, y de este modo la construcción de mejores alternativas de acción. Uno de estos investigadores es Chris Argyris de Harvard quien, a partir de sus conclusiones, se pregunta: ¿cómo puede un grupo en que todos los participantes tienen un CI de 130 reunirse y resultar con un CI de 65?
Las emociones y la intuición nos envían información que no se debe ignorar, constituyen un indicador de nuestra capacidad para captar mensajes procedentes del almacén de recursos internos, nuestro patrimonio personal de sabiduría y sensatez. Lo que está bien o está mal, se basa en hondos sentimientos subjetivos y no en vagas especulaciones del intelecto. Por ello, ocultar lo que sentimos frente a un problema o situación o pasar por alto lo que sienten otros, no sirve para mejorar las cosas, solo sirve para contener la energía que se requiere para la transformación.
¿Qué es inteligencia emocional?
Las emociones son predisposiciones para la acción o como dice Humberto Maturana, disposiciones corporales dinámicas que definen los distintos dominios de acción en que nos movemos”. Por ejemplo, un jefe, un progenitor, un maestro, que habla desde el enojo obtendrá respuestas muy diferentes a otro que habla movido por la emoción del respeto y la confianza. Como nos podemos dar cuenta las acciones ocurren desde la emoción en que nos encontramos. Entonces, el que es inteligente emocionalmente generará acciones muy diferentes al que no lo es.
“La inteligencia emocional es la capacidad de controlar y regular los sentimientos de uno mismo y de los demás y utilizarlos como guía del pensamiento y la acción”.
Peter Salovey y John Mayer (1990)
“La inteligencia emocional es la “capacidad de sentir, entender y aplicar eficazmente el poder la agudeza de las emociones como fuente de energía, información, conexión e influencia”
Ayman Sawaf y Robert Cooper.
La inteligencia emocional se expresa en el autodominio, la persistencia y la capacidad de motivarse a uno mismo”
Daniel Goleman (1996).
Para lograr la inteligencia emocional necesitamos de cinco habilidades básicas:
- Conciencia de sí mismo para reconocer, observar y escuchar nuestras emociones en vez de negarlas o minimizarlas.
- Autorregulación de las emociones, estados emocionales y recursos internos, para pensar antes de actuar y revisar los juicios que vienen a mi mente.
- Empatía y confianza para ser más conscientes de los sentimientos, necesidades e inquietudes ajenas.
- Habilidades sociales para influir o seducir positivamente a los demás, tales como la escucha, la colaboración, el debate y el diálogo.
- Automotivación y perseverancia en los objetivos a pesar de las frustraciones o contratiempos.
Nuestras emociones son una guía o sistema de señales cuando se trata de enfrentar momentos difíciles y tareas importantes, por ello hay que reconocerlas, observarlas y escucharlas, en nosotros mismo y en los demás, para comprender que valores o metas están en juego y aprender a canalizar su energía hacia una respuesta constructiva apropiada.
Bibliografía
- Daniel Goleman. La inteligencia emocional. Porqué es más importante que el cociente intelectual. Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1996.
- D. Goleman, R. Boyatzis y A. Mckee. El líder resonante crea más. Capitulo 9: la realidad emocional de los equipos. Universidad Adolfo Ibañez, centro de educación a distancia, Santiago de Chile, 2007.
- Fredy Kofman. Metamanagement. La nueva conciencia de los negocios. Tomo 3: Filosofía. Granica, Buenos Aires, 2005.
- Jaime Garcia y Manuel Manga. Inteligencia relacional. Una mejor manera de vivir y convivir. Vergara, Santiago de Chile, 2007.
- Robert Cooper y Ayman Sawat. La inteligencia emocional aplicada al liderazgo y a las organizaciones. Norma, Bogotá, 1998.






