Emoción en el Corazón del Coaching
Por Dr. Siraj Bechich, PCC. MD. PhD.
Decano y Profesor de CoachSI ESCUELA DE COACHING
www.CoachSI.org
La relación de Coaching de un Cliente y un Coach, representa la alianza de dos personas para a través de la voluntad, la motivación, el compromiso, la planificación, la toma de acciones y la responsabilidad del Cliente, lograr este sus metas deseadas. Esto es sólo una de las muchas maneras que se pueden usar para explicar que es el Coaching o hacer Coaching.
Sin embargo una de las cosas en las que casi todos estamos de acuerdo es que la experiencia humana es variada, diversa, muy rica y a veces compleja. Es como las diferentes caras de un caleidoscopio donde pensamientos, creencias, sentimientos, emociones, sensaciones, intuiciones, imaginaciones e imágenes en relación a lo que nos acontece en la vida externa o a los que emana desde nuestro interior, se suceden continuamente como un carrousel por el campo de la conciencia de cada uno de nosotros y viene a constituir aquello que llamamos “mi vida”.
Cada persona que acude o se acerca a un o una Coach viene con “su vida” y nos la pone delante, nos la ofrece, con el propósito final de orientarla, encauzarla, dirigirla o llevarla a aquello que esa persona decidirá que es su meta u objetivo.
Siempre he considerado ese acercarse cómo algo muy íntimo y delicado para no decir “sagrado”. El que otro ser humano esté dispuesto a entregar y desvelar su ser, me ha parecido un hecho no sólo heroico, sino de una profunda generosidad hacia sí mismo y hacia el Coach.
Tras la experiencia de muchos años escuchando a muy diversas personas, he pasado por diversas fases en pos de descubrir las claves para poder servirles mejor y responder a la confianza que depositaban en mí.
Preguntas clave
Al principio pase por la fase de “buenas preguntas a las creencias” y básicamente me observaba a mí mismo cómo un preguntón a veces irritante que obtenía muchas veces las mismas respuestas, a veces demasiado obvias para que lograran ni tan sólo inmutar las interioridades del Cliente o llegar a esa zona bien escondida llamada Motivación. Me di cuenta, en Coaching, que hacerle preguntas al QUÉ llevaba a unos sitios que no solían mover al Cliente de un modo significativo, rotundo y duradero, a lo más lográbamos tener sesiones “light” donde no pasaba realmente nada importante. Era cómo el café descafeinado, que ni es café ni es descafeinado.
Posteriormente con la reflexión me dí cuenta que hacer Coaching a los pensamientos y las creencias de las personas era superficial. Luego, empecé a escuchar de verdad y todo cambió. Un universo de fenómenos se presentaba en mi conciencia mientras escuchaba a los Clientes. Cuanto más incondicional era mi escucha más cosas sucedían, a veces sin ni siquiera proponérmelo yo, únicamente fluíamos cómo lo hace un riachuelo, sin esfuerzo, todo ocurría y los Clientes se daban cuenta de cosas muy relevantes para ellos, se comprometían con acciones realmente desafiantes en sus vidas o simplemente llegaban a si mismos. Tras varias sesiones así me entró la curiosidad y quise saber que sucedía en esas conversaciones, las grababa y las volvía a escuchar mientras me hacía la pregunta, ¿qué estás haciendo para que esto pase?
Tras mucho análisis e introspección eliminé todas las obviedades: que si escuchaba profundamente, que si guardaba respeto, que si preguntaba una pregunta cada vez, que si usaba poco lenguaje, que sí comunicaba con mi cuerpo y con onomatopeyas, que si desafiaba, que si escuchaba mi intuición y un sinfín de otros “y sis”; pero aún me faltaba algo. Había algo oculto que no llegaba descubrir y que sabía que estaba allí. Hasta que un día pasó algo.
Estaba escuchando a una colega Coach hacer Coaching con un Coachee durante unas prácticas, cuando le comenté que parara la conversación y probara de hablarle al corazón del Coachee. Recuerdo que le dije “escucha tu corazón y háblale a su corazón”. Ella siguió mi recomendación y la cara del Cliente se iluminó con una sonrisa y una mirada de “ahora sé”. La colega dio un brinco de la silla y dijo, “lo ves, eso es lo que quiero hacer yo, ¡quiero hacer magia!”, estaba contenta, todos estabamos contentos, fue genial. Y allí se quedó, no le di más importancia, que la de saber que había contribuido.
Fue más tarde cuando me di cuenta de lo que me faltaba para terminar el puzle.
El Corazón. No el corazón que late, sino el que siente. Esa era la cuestión. El Coaching que realmente funciona es “de Corazón a Corazón”. Me entregué a esta nueva dimensión y empecé a hacer Coaching conscientemente “de Corazón a Corazón” y lo que he vivido ha cambiado mi perspectiva del potencial que un ser humano alberga dentro y de lo que puede llegar a brotar de él. Es mucho mayor que lo que los neurobiólogos adivinan a predecir.
Empecé a interesarme por los temas del “Corazón”, emociones y sentimientos y su reacción en el cuerpo, las sensaciones. Siendo un científico inquieto apliqué los criterios del método científico y busqué desde la ciencia. De las más de 1.000 revistas de investigación biomédica 700 son sólo de investigación del cerebro humano. Básicamente allí lo que hacemos es observar con radiación y otros medios al cerebro y su funcionamiento, estudiar su química y las sustancias que usan las neuronas para comunicarse entre ellas, cuáles son los cambios en los genes que conducen a tal o cual efecto o enfermedad; pero allí, no hallas la conciencia ni la psique en ningún lugar. Sabemos que en la amígdala, un núcleo de neuronas está ubicado el centro del cerebro es el centro que rige la vida emocional, pero allí nadie encontró un atisbo de las emociones.
Decidí adentarme en la Inteligencia Emocional (IE). Dos psicólogos, Salovey y Mayer, acuñaron el término inteligencia emocional, definiéndola como “una forma de inteligencia social que engloba la habilidad para monitorizar las emociones y sentimientos propios y los de las otras personas, discriminando entre ellos y usando esta información para guiar el pensamiento y acción propios”. Más tarde Daniel Goleman publicó Inteligencia Emocional, donde sentó las bases de un cuerpo doctrinal de estudio y conceptualización de la IE, así como una definición del coeficiente emocional y programas pioneros de “alfabetización emocional”.
Hallaron en la IE dos áreas: la PERSONAL, definida por el auto-conocimiento, la auto-regulación y la motivación; y la SOCIAL, compuesta por la empatía y las habilidades sociales. Cada condición se subdivide en diferentes rasgos o competencias emocionales que la persona puede tener y/o desarrollar.
La importancia de la IE radica en que es esencial para el disfrutar de una vida satisfactoria o tener éxito en el trabajo. En el ámbito laboral, la IE es dos veces más importante que la pericia técnica y el intelecto y esto pasa en todas las profesiones.
Cuando pienso en los dos mundos que he expuesto, el de mi vivencia cómo Coach y lo que he resumido de la ciencia, pienso en lo mucho que pueden beneficiarse nuestros Clientes y Clientas si hallamos el modo, cada uno el suyo, de poner el Corazón en el centro de la conversación.






